Debate y reflexión fueron los ingredientes fundamentales en inédita asignatura sello impartida en la UPLA

IMG_7802Las ganas que tienen los estudiantes de la Universidad de Playa Ancha (UPLA) de opinar y de debatir en torno a temas como discriminación de género y derechos humanos, quedaron claramente demostradas en el curso sello “Formación ciudadana mediante el juego de roles: Soy y Estoy”, que recientemente finalizó y que  se llevó a cabo por primera vez en la institución, durante el segundo semestre de este año.

Fueron cerca de 20 jóvenes de distintas carreras de la UPLA, los que participaron en esta asignatura inédita, que surgió en el marco del Convenio de Desempeño “Innovación Social para el desarrollo territorial de Playa Ancha” (CD UPA 1301), como parte de uno de sus objetivos, relacionado con el fortalecimiento de la formación profesional, mediante la generación de conocimiento compartido, es decir, en interacción con otros y otras.

Daniela Martínez, estudiante de Pedagogía en Educación Física (Promoción 2014) fue una de las alumnas que vivió la experiencia: “La verdad que me pareció muy enriquecedora, porque da espacio a que uno hable, a que uno pueda opinar, uno puede debatir, a escuchar otras opiniones, al control de las emociones también. Encuentro que es súper positivo el curso en todos los aspectos y además, te ayuda a indagar sobre otros temas que van surgiendo en el momento o que van surgiendo más adelante”, dijo, al respecto, la futura profesora.

Y es que justamente contribuir en el desarrollo de competencias como análisis y crítica, compromiso ético y responsabilidad social, es a lo que apunta este curso que tiene como metodología este juego de roles, que si bien, se implementó por primera vez este año, nació en 2015 como proyecto de título de Felipe Román, actualmente profesional del CD UPA 1301 y en ese entonces, tesista de la carrera de Diseño Gráfico de la UPLA.

“Mi valoración es positiva, pues gracias a esta actividad pude vincular mi proyecto de título con los estudiantes y vivir la experiencia práctica de desarrollar un curso de formación ciudadana, sin coerción, lúdico y donde pudimos relevar la experiencia personal de cada estudiante como un factor político y diverso ”, comentó Felipe Román, en relación a este proceso, del que además destaca algunos atributos de sus participantes: “su imaginación política, su capacidad de reflexión y compromiso a ser agentes de cambio en sus comunidades. Además de sentir que juntos pudimos desarrollar reflexiones éticas sobre la vida universitaria y comunitaria”.

Aprendizaje horizontal

Felipe junto a Christine Bailey y Paula Màgnere, todos profesionales del Convenio fueron los encargados de guiar esta asignatura, sin embargo, en ningún caso cumplieron un rol superior, respecto a los jóvenes, puesto que uno de los aspectos que destacó al espacio fue que se dio una horizontalidad en el diálogo, que, de hecho, fue valorada por los estudiantes, quienes están acostumbrados a la metodología más tradicional, que se caracteriza por la presencia de un profesor que entrega los contenidos académicos.

“Este curso me pareció muy bueno, ya que rompe con todos los esquemas educacionales que tratamos de derribar y afrontar en estos días, en donde existe una relación vertical entre el estudiante y el que está haciendo la clase. Acá en cambio, puedes dar una opinión sin miedo a la discusión, porque se valoran todo tipo de argumentos”, planteó al respecto, Matías Bravo, alumno de primer año de Psicología. IMG_8804

Lograr esta apertura y esta libertad a la hora de opinar fue lo que se propuso de un principio, Felipe Román cuando diseñó este juego de roles, ya que estaba convencido que la baja participación de los jóvenes en los temas de contingencia, tenía que ver precisamente con que no cuentan con las herramientas para exponer sus puntos de vista. Es por eso que hoy mira con satisfacción los resultados obtenidos en esta experiencia piloto, ejecutada en la UPLA, en el marco del CD UPA 1301.

“La violencia epistémica nos ha hecho mucho daño, en el sentido de cómo hacemos conocimiento, cómo lo validamos o invalidamos nuestra experiencia personal o comunitaria. Esto porque nos hemos mal acostumbrado a generar conocimiento con valores arbitrarios que no son los nuestros, por lo tanto, es natural que los jóvenes sientan inseguridad, vulnerabilidad o desventaja en este modelo donde prima lo económico en desmedro de lo social. Afortunadamente, esto se rompe rápidamente, cuando se generan contextos propicios como este, en donde los jóvenes pueden reapropiarse de su discurso y el espacio donde ejercerlo”, concluyó Román.

 

 

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